Rescatando la historia clínica del Conde de Chinchón.

Hugo Dejo B

Resumen


En la historia de la Medicina Peruana, es bien conocida la trascendencia del árbol de la quina, cuya infusión o polvos de la corteza brindaron efectos terapéuticos sin precedentes merituando su nombradía epónima durante el Virreynato. Realmente fue un aporte natural de la fertilidad de las tierras peruanas a la humanidad, por sus resultados benéficos contra una enfermedad febril desconocida, que dos siglos después se diagnosticaría como malaria o paludismo en la Medicina Intercontinental.

La planta fue más tarde denominada por el naturista Carlos Linneo, como “Chinchona”, derivándola del patronímico virreynal, además de recibir otros apelativos como: polvos de la condesa, polvos de jesuitas, polvos del Cardenal Lugo, hasta que el progreso de la investigación farmacológica durante el Siglo XIX logró identificar el contenido del alcaloide quinina. Explicándose el efecto curativo específicamente sobre el paludismo.


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